Azul. Azul celeste, puro, limpio y suave.
Brillante e iluminado. Brilla sin reflejo. Opaco pero alegre. Lúcido y feliz.
¿Qué más me ofreces?, ¿Me ofreces calma, armonía? ¿Me ofreces cordura? Dímelo, dime que me ofreces la oportunidad de poner los pies en la tierra. Dime que soplas mis mejillas sonrojadas y calmas el calor que asedia mi rostro con suave brisa de la tarde. Con sólo una mirada de esos ojos... que no es mirada, es vida que fluye, energía positiva que fluye sin descanso.
Polo opuesto. Complementarios.
Una sonrisa eterna que tiene vida propia. Resplandeciente como un astro, como el propio sol. Es alegría.
Todo luz.
¡Colibrí, colibrí! tu aleteo me agota, me deja sin energías. Tu revoloteo desordena el espacio de mi interior, el cual se hace más pequeño... ¿o eres tú, colibrí, el que se hace más grande dentro de mí?
Calla, calla. Silencia tu canto, canto henchido, que revienta, que cree morir de tanta risa sin razón de ser, carcajadas sanas que luchan por escapar a cada segundo de un cuerpo oprimido. ¡Es real, es real! Lágrimas tan calientes como la calidez que ofrecen las imágenes que por mi mente pasan sin ser invitadas.
¿Qué más? ¿Hay más? No se puede explicar. ¿Para qué? Ya se conoce. Es siempre el mismo y siempre único. Cada astro en el cielo, cada estrella parece igual a la otra... no lo son. Lo mismo ocurre. Pero aun siendo el castellano uno de los idiomas más ricos en cuanto a cantidad de palabras siempre son las mismas las que te dan vida, las que te describen: sentimiento profundo. ¡Por qué no habrán más!, ¡infinitas, quiero infinitas! como aquello que ahora corre por mis venas tan deprisa que me marea y me hace estúpida.
Siempre ahí, en los rayos del sol más fuerte. Siempre presente, pero sin estar. En una burbuja que no veía más que por encima. Claro que te vi. Día tras día, sin reconocerte. Sin conocerte. Hizo falta la tormenta interior y exterior más fuerte que asedió mi vida para que abriera los ojos al mundo que tenía delante y dejar de mirar al que ya no existía y al que todavía no había llegado. Necesité fuerte granizo golpeándome en la cara para despertar con lágrimas en los ojos y ver que en realidad merece la pena salir de vez en cuando de la cueva cálida para ver la primavera despertar y no ivernar en un eterno invierno propio. Que la luz del sol de vez en cuando hace bien.
Y esa nana, que resuena dando vida a las palabras, a las frases que se escriben solas y reflejan lo que dentro de mi está despierto, es tuya.
Y mía.
martes, 28 de mayo de 2013
sábado, 13 de abril de 2013
La carta interior.
Y aquí, en medio de la oscuridad, en el silencio de la madrugada, se sienta y escribe.
Como el dolor que produce el alcohol en contacto con la carne, con la herida abierta, allí ella se sienta y escribe, dejando que las lágrimas guíen su mano trazando largas palabras, largas y pesadas palabras que puedan aliviar el vacío, o simplemente que puedan llenarla.
No comprende cuanto tiempo ha de pasar. No comprende el tiempo que debe esperar y no entiende como fue que sucedió si iba a tener final. No comprende porque ocurrió si luego iba a convertirse en nada, en polvo, en fantasmas...
No entiende como algo tan fuerte, tan grande, tan natural, real y verdadero terminó siendo ceniza. Ni siquiera ceniza, porque la ceniza ya es algo, puedes palparla. Terminó siendo nada. La nada absoluta. Una nada tan inmensa que llena su interior. Lo llena de vacío. De un vacío inmundo.
No le cabe en la cabeza el que ahora deba transformarlo. Que tenga que transformarlo para estar bien. Porque ¿Qué otro fin puede tener tal sentimiento? Y si ese es su fin, tiene sentido, y debe hacerse.
No puede... no puede llegar a ver que algo tan importante, no lo era. No quiere ni pensar que todo lo que ha dado, que todo lo que ha sacrificado ha sido en vano.
Su cuerpo se estremece tratando de respirar.
Solo escribe bagatelas, solo apunta datos en lo tenebroso de la noche que ahora no significa nada para ella, salvo un mundo de calma que le ayuda a evadirse. <<La melancolía es tan dulce>> Piensa ella. <<Te atrapa como la tela de araña, es hermosa, brillante y atractiva; y te llama... y tú vas. Y te amparas bajo su calidez. Calidez en la cual si te dejas envolver terminará por llevarte a la muerte.>>
Quiere pensar que habrá más, o no eso, que encontrará al verdadero, porque si él no fue, en algún lado estará el que sea. Y espera que esté. Espera desesperadamente que esté. No que llegue aún, si no es su momento, pero que esté, sí. Lo espera y lo desea.
Le aterroriza lo que ve por delante. Le aterroriza su inmeso vacío interior. Y le aterroriza el mundo.
Percibe con rabia y con dolor que todas las cosas que quiere ser, en las que se quiere convertir, lo que quiere aprender, tengan como fin un reencuentro. Le da rabia no poder avanzar.
<<Oh, por favor... si estás ahí...>>. Silencio. Sólo se escuchan sus sollozos. Pero, ¿Quién los escucha? Ella no, porque está absorta en sus pensamientos. Y nadie salvo ella está despierto en esta fría madrugada de Abril.
Poco a poco se ha ido calmando, y su tormenta interior amaina lenta y progresivamente.
Está horrible. Con la cara húmeda e hinchada. ¿Quién dijo que una mujer llorando es hermosa?
Ella sólo busca la paz. La armonía. El equilibrio.
<<Libra... balanza de mi carácter. Sal a la luz, pues no te encuentro.>>
Con el tiempo se tranquiliza. Y volverá la luz del día y ella sonrreirá a la libertad de la cual es dueña. Su libertad. Y podrá ver que está donde tiene que estar y que sin duda está sana. Y está feliz.
Y sólo en las noches más oscuras su alma sensible abrirá la herida, sacará a flote sus recuerdos, y ella sucumbirá, cada vez con más parsimonia y templanza, a la llamada de sus sentimientos. Hasta que al final, o eso desea ella fervientemente, la herida no sangrará, y ella, con total indiferencia, verá que no tiene sentido todo esto. Que nada tiene sentido. <<Que mente tan joven, qué poca experiencia...>>. Y en ese momento las únicas lágrimas que saldrán serán por el resentimiento a que no haya otra manera de aprender que a base de experiencias dolorosas, que sólo te hacen perder mucho, mucho tiempo y que, si no posees la fuerza suficiente, pueden matarte.
Y esa es la vida.
Posdata: tú lo sabes.
Como el dolor que produce el alcohol en contacto con la carne, con la herida abierta, allí ella se sienta y escribe, dejando que las lágrimas guíen su mano trazando largas palabras, largas y pesadas palabras que puedan aliviar el vacío, o simplemente que puedan llenarla.
No comprende cuanto tiempo ha de pasar. No comprende el tiempo que debe esperar y no entiende como fue que sucedió si iba a tener final. No comprende porque ocurrió si luego iba a convertirse en nada, en polvo, en fantasmas...
No entiende como algo tan fuerte, tan grande, tan natural, real y verdadero terminó siendo ceniza. Ni siquiera ceniza, porque la ceniza ya es algo, puedes palparla. Terminó siendo nada. La nada absoluta. Una nada tan inmensa que llena su interior. Lo llena de vacío. De un vacío inmundo.
No le cabe en la cabeza el que ahora deba transformarlo. Que tenga que transformarlo para estar bien. Porque ¿Qué otro fin puede tener tal sentimiento? Y si ese es su fin, tiene sentido, y debe hacerse.
No puede... no puede llegar a ver que algo tan importante, no lo era. No quiere ni pensar que todo lo que ha dado, que todo lo que ha sacrificado ha sido en vano.
Su cuerpo se estremece tratando de respirar.
Solo escribe bagatelas, solo apunta datos en lo tenebroso de la noche que ahora no significa nada para ella, salvo un mundo de calma que le ayuda a evadirse. <<La melancolía es tan dulce>> Piensa ella. <<Te atrapa como la tela de araña, es hermosa, brillante y atractiva; y te llama... y tú vas. Y te amparas bajo su calidez. Calidez en la cual si te dejas envolver terminará por llevarte a la muerte.>>
Quiere pensar que habrá más, o no eso, que encontrará al verdadero, porque si él no fue, en algún lado estará el que sea. Y espera que esté. Espera desesperadamente que esté. No que llegue aún, si no es su momento, pero que esté, sí. Lo espera y lo desea.
Le aterroriza lo que ve por delante. Le aterroriza su inmeso vacío interior. Y le aterroriza el mundo.
Percibe con rabia y con dolor que todas las cosas que quiere ser, en las que se quiere convertir, lo que quiere aprender, tengan como fin un reencuentro. Le da rabia no poder avanzar.
<<Oh, por favor... si estás ahí...>>. Silencio. Sólo se escuchan sus sollozos. Pero, ¿Quién los escucha? Ella no, porque está absorta en sus pensamientos. Y nadie salvo ella está despierto en esta fría madrugada de Abril.
Poco a poco se ha ido calmando, y su tormenta interior amaina lenta y progresivamente.
Está horrible. Con la cara húmeda e hinchada. ¿Quién dijo que una mujer llorando es hermosa?
Ella sólo busca la paz. La armonía. El equilibrio.
<<Libra... balanza de mi carácter. Sal a la luz, pues no te encuentro.>>
Con el tiempo se tranquiliza. Y volverá la luz del día y ella sonrreirá a la libertad de la cual es dueña. Su libertad. Y podrá ver que está donde tiene que estar y que sin duda está sana. Y está feliz.
Y sólo en las noches más oscuras su alma sensible abrirá la herida, sacará a flote sus recuerdos, y ella sucumbirá, cada vez con más parsimonia y templanza, a la llamada de sus sentimientos. Hasta que al final, o eso desea ella fervientemente, la herida no sangrará, y ella, con total indiferencia, verá que no tiene sentido todo esto. Que nada tiene sentido. <<Que mente tan joven, qué poca experiencia...>>. Y en ese momento las únicas lágrimas que saldrán serán por el resentimiento a que no haya otra manera de aprender que a base de experiencias dolorosas, que sólo te hacen perder mucho, mucho tiempo y que, si no posees la fuerza suficiente, pueden matarte.Y esa es la vida.
Posdata: tú lo sabes.
viernes, 15 de marzo de 2013
Rosa seca; Alma libre.
Mira a su alrededor. Da vueltas sobre si mismo.
Un ente humano.
Va repasando todo lo que ve, analizándolo.
Esta desesperado. No reconoce nada. Lo ve; lo percibe. Sabe que lo conoce, y sin embargo no lo entiende. No entiende lo que ve. Y no se atreve a dar un paso. Tiene miedo. Tiene miedo de avanzar y golpearse.
Ya lo había visto. Había vuelto a encontrar el camino y la luz; había vuelto a perder el miedo. Se había encontrado y había encontrado también la fuerza para correr y dejar que el viento se llevara las lágrimas que parecían haberse asentado para siempre en sus ojos. Y de pronto... se le hiela la sangre.
Eres un fantasma. Aún lo eres. Y lo sabes. Y si no lo sabes es porque no quieres.
Un ente humano.
Va repasando todo lo que ve, analizándolo.
Esta desesperado. No reconoce nada. Lo ve; lo percibe. Sabe que lo conoce, y sin embargo no lo entiende. No entiende lo que ve. Y no se atreve a dar un paso. Tiene miedo. Tiene miedo de avanzar y golpearse.
Ya lo había visto. Había vuelto a encontrar el camino y la luz; había vuelto a perder el miedo. Se había encontrado y había encontrado también la fuerza para correr y dejar que el viento se llevara las lágrimas que parecían haberse asentado para siempre en sus ojos. Y de pronto... se le hiela la sangre.
Eres un fantasma. Aún lo eres. Y lo sabes. Y si no lo sabes es porque no quieres.
lunes, 14 de enero de 2013
Labios de consciencia.
En el suave y aterciopelado contorno del origen
de sus coloquios,
se encontraba una brecha.
Ésta era estrecha,
y cada vez que se tensaba el contorno, la brecha se abría, sangrando
entonces.
Como una paradoja,
la tristeza era la única cura, mas la alegría acecha en cualquier
rincón y de vez en cuando salta, turbando la rutina de nuestro carácter. Es
entonces cuando el dolor y la felicidad crean un excitante híbrido del cual se
crea adicción. El salado sabor de la sustancia resulta desagradable, más si
realmente se desea aquello a lo que se
es adicto, la capacidad de ignorarlo hace que te acostumbres a ello y tu cuerpo
termine no por no sentirlo, si no por aceptar esa constante sensación y asumirla
como propia.
El
tacto va palpando, ciego, curioso, la explanada. Toquetea sin descanso la zona
débil. Busca salientes y rasga, morboso, hasta que en ocasiones el dolor frena
su constante ruda caricia y es entonces cuando
para, temeroso y expectante, esperando; pero la curiosidad
vence al miedo para entrar de nuevo en el juego que se repite sin descanso, y
va cada vez más lejos, hasta que llega al límite, porque todo posee uno. Ahí
termina. Hasta que el dolor pasa y el cerebro olvida; entonces, curioso, vuelve
a tropezar en el error, enfrascándose en un círculo vicioso del cual
no se puede salir más que con la voluntad.
Pero,
¿Quién desea la voluntad cuando el dolor crea arte?
jueves, 3 de enero de 2013
La sinfonía del rocío.
Era ya bien entrada la madrugada.
Era una fría mañana de Enero y ella huía con paso ligero; huía del bullicio, del ruido, del humo, de la gente, de todo.
Cavilando.
Tan concentrada iba en sus pensamientos que habría sido inútil después intentar recordar el paisaje por el cual había transitado.
Derrepente frenó su marcha. Paró en seco y escuchó.
La niebla invadía la zona y la humedad se deslizaba por el ambiente, con avidez.
Ella observó. Escuchó.
Las brillantes gotas que colgaban de los árboles, movidas por la brisa temprana, caían sobre las rocas creando un dulce tintineo.
Ella suspiró. Giró sobre sus talones reanudando su marcha.
Pero nadie sabía que una lágrima se había fugado, de improviso, de uno de sus grandes y grises ojos; y al caer y golpear la roca creó el tintineo más hermoso de todos.
Nadie lo sabía ni nadie lo supo. Ella tampoco.
Y la luna la miró con ternura sonriendo levemente.
Era una fría mañana de Enero y ella huía con paso ligero; huía del bullicio, del ruido, del humo, de la gente, de todo.Cavilando.
Tan concentrada iba en sus pensamientos que habría sido inútil después intentar recordar el paisaje por el cual había transitado.
Derrepente frenó su marcha. Paró en seco y escuchó.
La niebla invadía la zona y la humedad se deslizaba por el ambiente, con avidez.
Ella observó. Escuchó.
Las brillantes gotas que colgaban de los árboles, movidas por la brisa temprana, caían sobre las rocas creando un dulce tintineo.
Ella suspiró. Giró sobre sus talones reanudando su marcha.
Pero nadie sabía que una lágrima se había fugado, de improviso, de uno de sus grandes y grises ojos; y al caer y golpear la roca creó el tintineo más hermoso de todos.
Nadie lo sabía ni nadie lo supo. Ella tampoco.
Y la luna la miró con ternura sonriendo levemente.
martes, 25 de diciembre de 2012
Incertidumbre.
Los párpados caen, pesados, cansados, irritados, sumiendo en la oscuridad la visión, que segundos después es reemplazada por imágenes, recuerdos y sensaciones.
Se abren de nuevo los ojos prefiriendo la paz de la realidad al tormento de las recreaciones pasadas.
Su apariencia es tranquila, su sonrisa amable y apacible, y su gesto rebosa de calma. Pero por dentro... siempre un pero. No es acorde el exterior con el interior.
Aquello que era su vida estaba construido sobre los pilares más firmes que se podían encontrar, el pasado, el presente, incluso su futuro se encontraba diseñado.
Desapareció. Se borró, y durante un tiempo estuvo perdida, vagando, caminando y haciendo equilibrio en la línea que separaba lo real y su consciencia.
Tiempo repleto de todo a la par que de nada. Arrancar todo lo que había sido era doloroso, teniendo en cuenta cuán profundas eran las raíces y cuán sujetas se encontraban a sí. Sacándolas poco a poco, las raíces sangraban y habían momentos en los que debían reposar para no perder demasiada sangre.
Y sin embargo, con tiempo, calma, la incertidumbre del futuro y un empujón al final, salieron.
Ahora ella vive. Vive porque no sabe que va a pasar, no tiene un futuro predeterminado, nada la ata. Es totalmente libre de decidir que hará en cada instante, nada le pesa, se siente liviana y llora, llora con lágrimas calientes que lo único que marcan son sus mejillas dejando un camino salado, de felicidad, de alivio.
Profundos como pozos negros, cuyo fondo no ves; verdaderos.
Se abren de nuevo los ojos prefiriendo la paz de la realidad al tormento de las recreaciones pasadas.
Su apariencia es tranquila, su sonrisa amable y apacible, y su gesto rebosa de calma. Pero por dentro... siempre un pero. No es acorde el exterior con el interior.
Aquello que era su vida estaba construido sobre los pilares más firmes que se podían encontrar, el pasado, el presente, incluso su futuro se encontraba diseñado.
Desapareció. Se borró, y durante un tiempo estuvo perdida, vagando, caminando y haciendo equilibrio en la línea que separaba lo real y su consciencia.
Tiempo repleto de todo a la par que de nada. Arrancar todo lo que había sido era doloroso, teniendo en cuenta cuán profundas eran las raíces y cuán sujetas se encontraban a sí. Sacándolas poco a poco, las raíces sangraban y habían momentos en los que debían reposar para no perder demasiada sangre.
Y sin embargo, con tiempo, calma, la incertidumbre del futuro y un empujón al final, salieron.
Ahora ella vive. Vive porque no sabe que va a pasar, no tiene un futuro predeterminado, nada la ata. Es totalmente libre de decidir que hará en cada instante, nada le pesa, se siente liviana y llora, llora con lágrimas calientes que lo único que marcan son sus mejillas dejando un camino salado, de felicidad, de alivio.
Profundos como pozos negros, cuyo fondo no ves; verdaderos.
martes, 18 de diciembre de 2012
La discusión.
- ¿Otra vez, corazón?
- Otra vez, querida...
- es evidente que no piensas cambiar... ¡ni madurar! por lo que se ve...
- Afirmas correctamente.
- Pero a ver, ¿qué te cuesta? Sólo es dejarme tranquila un día, ¡Un día, dios mío!, ¡que tampoco te vas a morir!
- En realidad, teniendo en cuenta las leyes de la naturaleza, la que moriría serías tú.
- Bueno, es igual, tu entiendes lo que quiero decir...
- Entiendo.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces...?
- ¿Por qué no? Sólo te pido un día, un día en el que no me duelas, un día en el que no te sienta, ¡un día en que no exista tu latir!... Sólo quiero poder pensar con claridad, pero, joder, siempre estás ahí, metiéndote en todo, ¡Así no se puede ser objetiva!
- Lo siento...
-¿Pero...?
- Pero no puedo. Sabes que no puedo así que, por favor, deja de insistir.
- Por favor... por favor... un día, sólo un día... por favor...
- Lo siento, no puedo.
- Otra vez, querida...
- es evidente que no piensas cambiar... ¡ni madurar! por lo que se ve...
- Afirmas correctamente.
- Pero a ver, ¿qué te cuesta? Sólo es dejarme tranquila un día, ¡Un día, dios mío!, ¡que tampoco te vas a morir!
- En realidad, teniendo en cuenta las leyes de la naturaleza, la que moriría serías tú.
- Bueno, es igual, tu entiendes lo que quiero decir...
- Entiendo.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces...?
- ¿Por qué no? Sólo te pido un día, un día en el que no me duelas, un día en el que no te sienta, ¡un día en que no exista tu latir!... Sólo quiero poder pensar con claridad, pero, joder, siempre estás ahí, metiéndote en todo, ¡Así no se puede ser objetiva!
- Lo siento...
-¿Pero...?
- Pero no puedo. Sabes que no puedo así que, por favor, deja de insistir.
- Por favor... por favor... un día, sólo un día... por favor...
- Lo siento, no puedo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)