viernes, 23 de octubre de 2015

Mi naturaleza de amar.

Una vez más es de noche y mis emociones oscilan en un mínimo rango.
Y mi cabeza las observa como lo haría una hermana, dubitativa.
Mi amor es puro.
Mi amor es puro, pero mi sensibilidad y mi carácter son muy amigas y se bambolean como un péndulo, a lo largo de los días.
Soy un humano de inconstancia emocional superficial,
y de constancia emocional profunda.
Aunque el peso se estableciera de por vida en un punto de equilibrio perfecto, mi naturaleza rompería el juego de pesos. Ya sea con la tristeza, la sea con la independencia total. Porque esa es mi forma de amar.
Así necesito amar.
Tengo un sentimiento profundo incrustado que precisa de fluctuar en la emociones a flor de piel de un lado para otro, para estar sano.
Necesita movimiento.
Si hoy te miro embelesada y lo único que quiero es acariciar los rasgos de tu rostro, quizás mañana no quiera verte, ni oír tu voz.
Y quizás pasado mañana quiera reírme despreocupadamente contigo o escucharte hablar del cosmos, mientras que al siguiente día, quizás, sólo quiera envolverme en mis sábanas de soledad y disfrutar de echarte de menos a propósito.
Y te amaré en todas las etapas. Te amaré aunque no quiera ni oírte. Te amaré aunque quiera verte, pero muy a lo lejos. Aunque sólo quiera estar sola.
Porque esa es mi forma de amar,
aunque pueda parecer lo contrario.


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